Departure time

Hay quienes gustan de sentarse frente a un escritorio, entregar todos sus ahorros a una persona que tiene un mejor manejo de Internet que ellos y que, luego de una o dos charlas les entrega un sobrecito con unos tickets aéreos, la reserva del hotel y un listado de cosas que con suerte no van a usar, como seguros y demás.

Ese sobre se irá descomponiendo durante el viaje y, en caso de que incluya una lista de actividades por día, contendrá el inagotable check list de las cosas que uno debe hacer o ver para ser considerado una persona que visitó tal o cual lugar.

Otros, más o menos astutos en el uso de los buscadores, hurgan en los listados de la web en la búsqueda de la información necesaria para la conquista de un nuevo destino. La planificación de unos escasos quince días que los asalariados y dependientes tenemos como vacaciones, puede llevar meses y meses de desarrollo logístico. Este grupo logra armar por su cuenta un itinerario, los traslados correspondientes que unen los puntos elegidos y los espacios para prenoctar en cada uno de ellos.

Encontrándome dentro de estos últimos, y me arriesgo al mal uso del gerundio para comenzar esta oración para acentuar mi derrota, la definición del contenido del equipaje siempre fue una batalla perdida para mi. La escasa evolución de la ingeniería textil o el dominio del modal y algodón en estas latitudes, te dejan tiritando o muerto de calor más allá de toda previsión de los informes del clima.

Más o menos planificación, menor o mayor autonomía en el proceso, llega el momento de partir, plaf.

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